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27 marzo 2010

Bunbury se quita la coraza


Nunca me consideré un fan de Bunbury. Sus discos me gustan, pero una vez que pasa el tiempo, me da pereza buscarlos por las estanterías en las que los había dejado. Creo que es un intérprete extraordinario. Lo que hace en ‘Pequeño rock and roll’ de Quique González es de quitarse el sombrero. Pero no me ocurre igual con sus letras, siempre me han parecido excesivamente recargadas y muy lejanas a la sencillez que en determinadas ocasiones se exige. A veces tengo la sensación, de que las canciones que más me gustan son las que tiene en colaboraciones o versiones a otros artistas

Sin embargo, con ‘Las Consecuencias’ me ha pasado lo contrario. Creo que ya ha transcurrido un mes desde su lanzamiento y no me canso de escucharlo. Bunbury ha dejado de lado las poses y gorgoritos de los que algunas veces abusa, para mostrarnos al verdadero Enrique Ortiz de Landázuri. Ya no necesita fabricar un personaje para intentar ocultarse. Por fin se ha quitado la coraza y se ha mostrado tal cual es.

Y es que ‘Las Consecuencias’ no desprende esa fortaleza que caracterizaba al personaje de Bunbury. Sino que la fragilidad gana partida a través de un tono melancólico y natural. Quizás se deba a que guarde en sí un sentimiento de culpa por todo lo ocurrido estos años. Tal vez haya sido la edad la que le haya dado mayor perspectiva. Ahora se encuentra en una posición privilegiada desde donde puede juzgar todo lo que le rodea. Durante todo el disco planean frases lapidarias con un fuerte contenido moral y que él mismo se encarga de enfatizar con unos excelentes coros. Sus mensajes combinan la búsqueda del perdón con el desengaño de sí mismo ante los golpes de la vida.

Además, la música parece estar especialmente elegida para cada momento. La mayoría del disco se apoya en un tono relajado, pero no falla cuando tiene que cambiar el ritmo. Por ejemplo, en ‘Es hora de hablar’ los primeros treinta segundos prometen una canción tranquila para sorprendernos con un final del todo desgarrador.

Pero sin duda, si hay una canción que sobresale por encima de las demás es ‘Frente a Frente’. Es asombroso como una canción con la misma letra y melodía cambie tanto según sea el intérprete. La revisión que hace Bunbury del tema la convierten en algo majestuoso, que se describe por ella misma. Los coros de Miren Iza desprenden ingenuidad a la vez que ternura. Hay canciones mejores, pero el disco adquiere una fuerza especial cuando llega a este cuarto corte. Cuando suena, el mundo se paraliza, nada tiene sentido y todo gira en torno a la historia que nos cantan. La intensidad que se logra es tal, que incluso, una vez pasada la canción, las siguientes llegan a ofrecer una falsa apariencia de decaimiento, como si nunca más se lograse volver a esa fuerza. Son las siguientes escuchas del álbum las que nos dan cuenta de que todo él está lleno de momentos mágicos y aparentemente irrepetibles.

Así Bunbury nos presenta las consecuencias de toda su carrera. Todo lo que le ha traído hasta aquí y que, por fin, le ha permitido quitarse la careta para mostrarse más cerca a cómo en verdad es. Un disco reposado y que como él mismo admite “no es apto para todos los públicos”. Pero que cada vez que suena, nuestro mundo interior reflexiona y recapacita para seguir con más ganas de vivir. Con más ganas de quitarnos la coraza y llegar a encontrar nuestras propias consecuencias.

10 noviembre 2009

Disco del mes: Daiquiri Blues – Quique González




Quique González es plenamente consciente del resultado. Sabe que no ha hecho un disco que entre a la primera, y sabe que se necesitan varias escuchas. Ha sido el cambio que necesitaba.

Tengo que reconocer que Quique González no me lo ha puesto fácil. Nada fácil. De vez en cuando, algunos amigos míos vienen a casa para que les grabe algún CD en el que mezclo canciones de “esas raras que te gustan a ti”. Siempre suelo colar alguna de Quique. Alhajita, Miss Camiseta mojada, Pequeñas monedas… Evidentemente no les voy a poner canciones como De haberlo sabido o Aunque tú no lo sepas, porque en este mundo todo tiene un proceso. Sin embargo, con este disco lo voy a tener muy difícil. Es cierto que las primeras seis canciones se escuchan bien, del tirón, pero después se vuelve un poco monótono y aburrido. No creo que este sea un disco con el que se vaya a abrir a nuevos públicos, ni tampoco se lo recomiendo a nadie para empezar a adentrarse en el universo de Quique González. Hay momentos en los que está falto de emoción, con melodías que se repiten y que bien podrían intercambiarse entre canción y canción.

Ahora bien, dicho esto, después de este primer párrafo tan poco alentador, hay que decir que merece la pena comprar el disco. Y mucho. Para empezar, ya están bien amortizados los 15 euros con sólo ver una encuadernación perfecta. Incluso la portada llega a tener sentido cuando se tiene en la mano, y eso que cuando la veía por Internet, no me hacía mucha gracia. Las fotos están cuidadas hasta el más mínimo detalle y el libreto transmite un olor que recuerda al de los viejos vinilos. Porque este disco no sólo hay que tocarlo y escucharlo, sino que también hay que olerlo. Tenerlo en las manos e ir pasando cada página, entretenerse mirando las letras en los ratos libres, fijarse en quien hace la instrumentación en cada canción. Es necesario coleccionar este disco en la estantería, porque unos músicos así no se ven todos los días. Solo por el hecho de mirar dentro de 10 años quien era el que ponía el pedal steel en tal canción, ya merece la pena. Y si hablamos de Al Perkins, pues más.

Este disco no sólo hay que tocarlo y escucharlo, sino que también hay que olerlo. Tenerlo en las manos e ir pasando cada página, entretenerse mirando las letras en los ratos libres. Es necesario coleccionarlo en la estantería

Técnicamente la música es perfecta, la producción perfecta también. Abusa de graves, pero es que le vienen que ni pintado los graves. Quizás sea esa máxima perfección el que lo haga parecer un disco falto de emoción, pero todo lo contrario. No emociona a la primera, ni tampoco a la segunda. Para que nos hagamos una idea, y utilizando la literatura de Quique, Daiquiri Blues es como esa chica a la que conoces, y que al principio no te hace mucha gracia. Después, con el paso del tiempo y de la convivencia, ves que cada vez vais pasando más horas juntos. Hasta que llega un momento en que no puedes estar sin ella. Son de esos amores extraños que van poquito a poco metiéndose dentro. Quique González vuelve a enamorar. Lo hace en cada escucha un poquito más, hasta que al final llega a ser algo adictivo. Cuando pasa un día sin escucharlo noto algo extraño en mí, como si algo me fallase. Como si no hubiese hablado con aquella chica.

A partir de la cuarta escucha las canciones aburridas y monótonas de las que hablaba al principio, se convierten en canciones maravillosas de las que no podría vivir sin ellas. También decía al principio que la melodía puede llegar a cansar por repetitiva. Pero, ¿acaso Quique González destaca por lo ameno de sus melodías? No. Aunque a lo largo de su carrera (10 años) las tiene muy buenas. El rasgo distintivo de Quique González, y lo que le hizo ganarse un hueco entre el público, son las letras. Y las letras de este disco son muy buenas. No sé si llegan al nivel de Salitre, Pájaros y Kamikazes. Pero son mucho mejores que las de su anterior álbum, Avería y Redención. Daiquiri Blues tiene unas letras mas concretas, aunque no lineales. No todas tienen un principio y un final, pero no hace falta estrujarse los sesos para saber qué quieren decir. Tienen una idea. Sigue utilizando el recurso de la imagen, pero no como en Avería, en el que abusaba, todo era una sucesión de imágenes con mas fortuna en algunas canciones que en otras.

Otra de las cosas en las que ha mejorado es la voz. Quique canta mejor que nunca. Ahora entona y acentúa cada nota, ya no son canciones cantadas linealmente, o fuera de tono. Ha dado con la tecla para este disco, e incluso la voz realza mejor la composición. Podemos fijarnos en el single, La luna debajo del brazo. Hay una parte en que acentuación es perfecta:

y ahora quiéro llamarTe por Teléfono

y decirTe, que aunque no me diéra cuénTa

en aquel momenTo

aquello fue imporTanTe para mí

No, no me vuelto loco. Ya sé que he puesto tildes que sobran. Pero, es para que nos demos cuenta de cómo llega a jugar con la acentuación de las palabras, y cómo las consigue enredar con los fonemas duros del castellano (p, T, k)

Es un disco otoñal. Para días de lluvia y mejor para las tardes

He leído que al disco le falta punch. Y sí, es verdad. Quitando Restos de stock o Deslumbrando, falta alguna canción que acelere un poco el ritmo. Pero ojo. Quique pierde mucho a nivel compositivo cuando se trata de canciones más roqueras. En Avería y la Noche Américana, las canciones rápidas están a un nivel inferior que en las más lentas. Lentas, pero no tristes. Quique González sigue teniendo en sus letras un fondo optimista. Nunca me dio la sensación al escucharle, de que se fuera a cortar las venas o a suicidarse. Como sí puede ocurrir con algún autor del mismo género. Sus letras son lentas pero mantienen un fondo de esperanza que incluso en algunos momentos te puede animar. Es un disco otoñal. Para días de lluvia y mejor para las tardes. Por eso creo que en Asturias tiene tantos seguidores.

Por lo tanto tenemos un disco al que se necesita escuchar con paciencia. Daiquiri Blues es el secreto de la vida. Las cosas que conseguimos fácilmente las valoramos menos que las que nos cuestan mucho esfuerzo. Y además, tengo la sensación de que Quique es plenamente consciente del resultado. Sabe que no ha hecho un disco que entre a la primera, y sabe que se necesitan varias escuchas. Ha sido el cambio que necesitaba. Pisar un terreno distinto al anterior, algo que suele hacer en cada nuevo disco. Por eso creo que es algo que tenía premeditado desde el día que tenía finalizadas las maquetas. Este era el disco que quería.

Daiquiri Blues es el secreto de la vida. Las cosas que conseguimos fácilmente, las valoramos menos que las que nos cuestan mucho esfuerzo.

Por otra parte no puedo olvidarme del papel de Carlos Raya. Después de tantos años juntos, Avería y Redención fue el primer álbum sin su colaboración. Fue un disco arriesgado, que mostraba la salida del cascarón de Quique. Ahora vuelve a un sonido más cercano al de Raya, pero sin Raya. Avería le dio seguridad y personalidad, y ahora es el Quique más puro que nunca. Me atrevería a decir incluso, que este disco le gustará mucho más a Carlos Raya, que el de Avería.

Así que ya sabes. Coge Daiquiri Blues, ponte cómodo, dale al play, y olvídate de todo lo que esperabas de él. Olvídate de los anteriores discos, y disfruta de uno de los mejores discos que se puedan encontrar en este país.