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31 octubre 2009

En el camerino de Tequila (parte 2)






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Fue cuando acabó el concierto cuando llegó lo mejor de la noche. Bueno, de la noche y de la vida. Porque ese recuerdo no se nos va a olvidar nunca. Fuimos corriendo a la parte de atrás del escenario donde se encontraba el backstage. En la puerta nos esperaban unos cuantos seguratas que impedían cualquier presencia ajena. Alrededor nuestro, un nutrido grupo de chicas dispuestas a hacerse una foto con alguno de sus ídolos. Entonces es cuando vemos asomar por la puerta la cabeza de Josu. Yo la verdad es que pensaba que no nos iba a hacer ni puñetero caso. Sabía que existía la posibilidad de que hiciese algo para dejarnos entrar, pero prefería pensar que no, prefería pensar que yo estaba ahí parao como un tonto rodeado de grupis que no hacían mas que dar voces. No sé, quizás no me quería emocionar. Prefería vivir en la extrañeza de encontrarme ahí. Fue todo muy rápido, o muy lento. Lo viví como algo rápido pero lo recuerdo como algo lento. Josu se asoma, le dice algo al segurata, señala a dos chicas y de repente dice: “y esos dos chavales también”. En ese momento no le dí mucha importancia a la frase. La escuché como una más. Ahora la recuerdo como si fuese una repetición a cámara lenta con un zoom en sus labios pronunciando “y esos dos chavales también”. Yo, que soy desconfiado para estas cosas, miré hacía atrás para ver si había algún chaval también. Pero no, detrás de mí seguían los mismos grupis de antes. O incluso más. Así que cogí, fui caminando con cuidado de no tirar la valla que nos separaba e intenté pasar la puerta que protegía el segurata. Ahí fue cuando sentí un peso enorme sobre mi nuca, y es que, aunque no levanté la cabeza del suelo ni un segundo, juro que sentí a la gente mirándonos mal. No diría que con envidia, sino como preguntándose qué quienes seríamos nosotros como para entrar en tan exclusivo lugar.

Entramos con miedo. ¡Joder!, las piernas me temblaban. Cada paso que dábamos lo hacíamos dudando. Intentaba retenerlo todo en mi retina, grabarlo como si llevase en los ojos una cámara de vídeo: Alejo estaba al fondo, sentado en una de esas sillas de terraza de bar. Fue al primero al que vi. Era todo tan normal y a la vez tan contradictorio. Para ellos era lo de todos los días y para mí era algo único en la vida. Poco a poco fuimos cogiendo confianza. Hablamos un rato con Mac (un tío de puta madre) y otro rato con Josu sobre su maltrecha mano. Nos preguntó si queríamos hacernos unas fotos y le dije que tenía el flash de la cámara mal. Me dijo que no había problema, que pasásemos dentro, donde había luz. Es curioso, el problema de la cámara del que me estuve quejando por impedirme sacar buenas fotos del concierto, era el mismo que me hacía entrar al camerino de Tequila. Dentro estaba Daniel Griffin con otros cantando ‘Rock and Rios’. Sí, creerme, un batería de Chicago cantando una canción de Miguel Rios. Por mucho que él lleve 20 años viviendo aquí, resulta difícil de imaginar. Para qué luego se discuta la importancia de Miguel en el rock and roll español.

El camerino tenía unas escaleras en las que veíamos el resto del recinto reservado de backstage. Alejo y Ariel nos miraban preguntándonos que quienes seríamos nosotros, y qué haríamos en esas escaleras paraos. Habíamos conseguido hacernos las fotos con luz y nos quedamos en las escaleras esperando a ver qué podría pasar. Hasta que al final nos convertimos en meros bultos que estaban ahí puestos y que debían de apartar para poder comer e ir al baño. Por cierto, que tenían bastante comida. Fruta, zumo, costillas, whisky y cerveza. Daniel Griffin bebía cerveza y los demás preferían whisky.

Por fin nos decidimos a bajar las escaleras y hablamos con el resto de seguidores a los que dejaron pasar. También se acercaban de vez en cuando Josu y Mac a hablar con nosotros. Ellos dos eran los que mas bola nos daban en ese mundo tan lejano para nosotros. Mientras, Mauro Mietta permanecía sentado en una silla. Se le veía tímido y parecía bastante inteligente. Alejo y Ariel estaban por ahí, unas veces hablaban con el resto de la banda, otras con los seguidores, y otras comían. Ariel además se acercó a ver el concierto de Vetusta Morla, que actuaban después de ellos. Un grupo que no dejó indiferente a ninguno de los allí presentes.

Teniamos a Ariel Rot a unos pocos metros de nosotros y no nos atrevimos a decirle palabra. Podíamos haberle hablado de la entrevista en ‘La ventana’ que habíamos escuchado antes de ir al concierto, o del nuevo disco que ya está grabando, o de lo buen guitarrista que es, pero nada. La mente se te bloquea cuando estás delante de uno de los artistas que mas admiras. Así que el tiempo pasó mirando para él y él mirándonos de reojo, yo creo que extrañado ante nuestra actitud. Ya le habíamos arrancado unas fotos y unas firmas antes del concierto y no era plan de molestar. Imaginaos que al acabar vuestra jornada laboral, viniesen unos cuantos tíos que no conocéis de nada a hacerse una foto con vosotros. Pues eso. Tú no les conoces. Les escuchas y ellos creen que saben lo que piensas de determinados temas, pero no les conoces. Es la contradicción del artista de la que tantas veces he hablado. Ves pasar a gente que te saluda emocionada, que puedes incluso formar parte de su día a día, haciendo la banda sonora de sus vidas, y que ni siquiera sabes como se llaman.

Después de estar como tontos mirando a Ariel conseguimos pedir a Alejo que se hiciese una foto con nosotros. Este sí que me sorprendió. Tengo la imagen de Alejo como de dominador de los escenarios, con sus saltos y movimientos al rimo de las canciones. Pero aquí se le veía muy cansado. El concierto, el viaje, todo eso pasa factura. Y normalmente no vemos esas cosas. Nos creemos que son maquinas que hacen 50 conciertos en un año así porque sí. Pero no, son personas, igual que tu y que yo, pero que tienen el don, o la maldición, de saber hacer canciones. Su mirada era como un radar. Muy inteligente, parecía captar cualquier cosa que ocurriese a su alrededor. Todo le llamaba la atención. Detrás de su rostro cansado escondía una profunda curiosidad por las cosas. La misma que durante los ensayos le hizo hacer una foto a la Catedral.

Después Ariel se enteró de que había mucha gente afuera esperando a hacerse una foto. Había pasado mas de una hora del final del concierto, y ahí seguían. Ariel llamó a Alejo y se fueron afuera. Saben que si no fuese por esa gente todo sería bien distinto. Es una situación difícil porque normalmente es gente que compra tus discos y te sigue. Si les firmas el disco y te haces la foto, te seguirán comprando. Pero si estás cansado, tienes un mal día, y haces una mal gesto, mas de uno se sentirá defraudado de la imagen idolatrada que del artista tenía y hablará mal él ante todos.

Cuando ya nos habíamos hecho todas las fotos necesarias se nos acercó un tipo de producción o algo así. Supongo que sería el rock-manager de Last Tour, pero lo desconozco. Pensaba que nos iba a echar. Pero para sorpresa nuestra, lo único que hizo fue preguntarnos una calle para poder salir por Oviedo. Una calle “empedrada y en cuesta” que él recordaba de otras veces. Le contestamos como si le conociésemos de toda la vida. Yo creo que esa conversación fue el resumen de algo muy normal para ellos, pero muy raro para nosotros.



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16 octubre 2009

En el camerino de Tequila (parte 1)





Primera Parte: Conociendo a Ariel Rot

La realidad es insuperable, por mucho que te imagines las cosas, por mucho que sueñes con conocer algún día a Ariel Rot o poder hablar con Alejo Stivel, la realidad nunca se cumple. En tus sueños, te ves hablando de tú a tú con alguno de estos fieras, comentándoles discos, hablando de conciertos, o incluso tomando algo con ellos. Pero cuando los tienes frente a frente, tu mente se bloquea, las piernas te tiemblan y notas que la saliva falta en tu garganta.

Llegamos a eso de las seis de la tarde al centro de Oviedo. Días antes habíamos quedado con Josu García para, después del concierto, poder hablar con él, y si surgiese la posibilidad, hacerse unas fotos con el resto de la banda. Josu es un chaval excepcional que desprende rock and roll por todos sus poros. Cada uno de sus movimientos, caras y miradas parecen sacadas del manual del buen rockero. Y todo eso sin ser una pose, como pueden ser en muchos grupos de ahora, sino como algo natural que traspasa cualquier estética y cultura, y llega a formar parte de la propia identidad. Pero detrás del artista y del rockero, está una persona a la que nunca oirás un no por respuesta. Josu es el ejemplo de todos esos músicos profesionales que aparecen en los créditos de los discos, pero lejos de los focos y de la mirada del público.

El grupo llegó a la zona del concierto en una furgoneta de la que no sabría decir el modelo, sólo que parecía bastante cómoda, con sus asientos de cuero y monitores para poder ver dvd’s. Un dato éste, supongo que estúpido para la mayoría de la gente, pero que no pasaba desapercibido para los muchos curiosos que se agolpaban a su alrededor. Tras bajarse, nos hicimos unas fotos con Ariel Rot. Tenía aspecto de sueño y llevaba consigo unas gafas de leer, por lo que deduje que durante el trayecto estaría leyendo algo interesante, o por lo menos tenía esa cara que todos tenemos cuando estamos abstraídos hasta que alguien o algo nos interrumpe. Teniéndole en frente me pareció mucho mas bajo y delgado de lo que aparenta en la tele, no pudimos estar mucho tiempo con él, pues el resto de la banda le estaba esperando en el escenario para un ensayo que duró más de una hora con el objetivo de lograr la acústica perfecta. Al terminar, Josu se mostró preocupado por la calidad del sonido. Un aparatoso vendaje provocado por una fractura en un dedo le impedía tocar bien. Aprovechamos ese momento para saludar a Mac Hernández, con quien ya habíamos coincidido en la Semana Negra antes del concierto de Josele Santiago. Tan simpático como siempre, nos recibió con una sonrisa y nos citó para vernos luego, ya que las prisas impedían poder hablar tranquilamente: debían de volver al hotel, cenar, y prepararse para el concierto.

Después de esperar una hora dio comienzo el show con un sonido imprevisto para el público. El ‘rock and roll en la plaza del pueblo’ sonaba mejor que nunca. Las caras de la gente que pasaba cerca de la plaza de la Catedral, eran de asombro. Tras este inicio les siguieron los temas clásicos de la banda, incluyendo ‘El barco’ y una versión del ‘Sábado a la noche’ de Morís, interpretada por Ariel y no por Alejo. Se respiraba muy buen rollo entre el equipo técnico, o al menos eso era lo que se percibía desde abajo. Normalmente cuando las giras son tan largas, la música suena mecánica, los artistas pierden emoción, y el equipo que les acompaña suele mostrarse aburrido. Pero en esta ocasión era justamente lo contrario. Todos los integrantes del equipo técnico cantaban las canciones como si fuese la primera vez que las escuchaban. Y estamos hablando de canciones que tienen más de treinta años. No puedo olvidar en este momento, al afinador, que en una esquina del escenario se dedicaba a afinar las guitarras, sin parar de cantar en ningún momento.

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